viernes, 10 de febrero de 2012

Aplastamiento

No logro recordar cuántas cosas me faltaron por enumerar.
A cada paso encuentro un lugar común, una palabra sujeta
a una incomprendida idea. Un fantasma que ronda mi cabeza.
A pesar del miedo, no retrocedo…
Aquel día la lluvia tenía su propia orquesta.
Me entretuve mirando a la gente correr.
Viendo las gotas caer.
Observé –como Cortázar- su aplastamiento, el suicidio de estos pequeños seres.
La lluvia, los amantes, los carros con los vidrios empañados
por dentro. Los corazones que se dibujan en las ventanas con
los dedos. Los conductores también son suicidas, pero a ellos
los nubla la idiotez, el estrés, no sé qué…
Aquellos dos que caminan, juegan, ríen, saltan charcos y se dan la mano,
me producen lástima.
¡Pobres!, no saben que esa calma al final los aplasta.
Que sólo es una trampa, que al final se arrebata y mata.
¡Ilusos!, no comprenden que esa felicidad no basta.
Que sólo es la que antecede al dolor, la fugaz anestesia que
se transforma en morfina, aniquilando la vida.
Me adelanto, me entristezco por ellos.
Miro en sus figuras dos gotas a punto de caer, de morir,
de ser inevitablemente aplastadas…

Natalia Rivas

sábado, 4 de febrero de 2012

Miedo

Pasa que aveces tengo miedo...
Miedo al desgaste de tu letra medular,
a la inexistencia de la orilla chiquita en
la que me siento a descansar.
A la liviandad de tus pasos en mis días.
A la desaparición de Julio, en mis cuentos
favoritos y en tus fantasías.
A mi no- reflejo en tus ojos...
      A mí sin ti,
            a ti sin mí.
A los dos, siendo simplemente uno.

P.D. Escrito el miércoles 24 de noviembre de 2010
a las 12:35 pm. Con 10 grados cetígrados de temperatura.



Natalia Rivas