
Porque eres el mejor amigo que nunca tuve en la escuela,
el confesionario que no está en una iglesia,
el tejedor de cuentos infinitos,
el planeador de detalles sorpresivos,
el observador de mis esquinas imperfectas,
el creador de lunas turcas multicolor,
el hacedor de charlas cotidianas.
Porque fuiste, eres y serás mi peor y mejor historia.
Por eso hoy celebro tu existencia.
Brindo porque todo conspire para que seas eterno, para que dures más que el tiempo.
¡Feliz vuelta al sol!
Pdta. Escrito el 22 de octubre, en un bus de la coperativa Aguila Dorada, de paso por Cotocollao.