

Mientras me siento espero, la incertidumbre se apodera poco a poco de mi… la ausencia es cómo la cuerda que rodea mi cuello, la presión de mi pecho se hace más frenética cada vez. Cruzo mis piernas constantemente y muevo mi pie, me desespero veo el reloj, ya es tarde, pero es igual. Imagino que estás por llegar, que algo te retrasó, pero que vendrás.
Trato de olvidar por un momento las ideas que se me cruzan por la cabeza al recrear escenas de las posibilidades de tu retraso. Pero no lo consigo. Con curiosidad no dejo de mirar la puerta, las personas que entran, que salen. Los ruidos me distraen, me desconcentro, me pregunto, me repregunto, te pienso.
Enseguida caigo en el dilema, esperar o ya no más.
Esperar es una fuerza, saber que el tiempo ha de pasar, entendiendo que las cosas, vienen cuando han de llegar. Esperar es mirar el mundo, percibir que todo tiene un ritmo, es fortalecer el alma, no perderte en el abismo. Esperar es segura complacencia, es saber que cuando llegue lo esperado, disfrutarás la alegría de aquella espera, y vivirás a plenitud con lo logrado….
Bla, bla, bla… y si nunca llegas ¿moriré aquí sentada?

