jueves, 8 de mayo de 2008

La irónica máscara del dolor




El dolor tenía un rostro tan triste que un día decidió ponerse una máscara y mostrarse ante los demás como normal, así pensó que podría conseguir su aceptación y no se equivocó…
La mediatización del dolor es algo que al parecer está de moda. No nos hemos dado cuenta pero poco a poco se comercializa con el dolor, con la muerte, con la desgracia ajena sin importar mucho lo que las personas sientan.
El ver un cadáver, dos o miles se ha convertido en parte del espectáculo que nos transmiten los medios de comunicación que para la actualidad ya es el tema de todos los días. Nos invaden con esas imágenes que nos hacen inmunes que nos roban la solidaridad, que nos dejan sin sentir, que nos hacen individualistas y a la vez egoístas.
La innumerables guerras, ataques terroristas, muertes corren un viciosa carrera con el horror. Dicho de otro modo: la difusión universal del temor y el miedo como forma de vida recrea una situación de preguerra que aun siendo una representación provoca un efecto físico incuestionable: el individuo ha asimilado que cualquier cosa inimaginable en el mundo puede suceder, y lo que es peor, que ya no hay nada que le pueda sorprender a nadie. El miedo se nos ha pegado a la piel. Lo irónico de todo esto es que nos atemoriza la idea de que nos pueda pasar a nosotros, pero mientras no nos suceda y las imágenes sangrientas que reflejan una realidad solo las veamos desde la comodidad de nuestros hogares, no pasa a mayores.
¿Nos duele? Tal vez, pero ¿por cuánto tiempo? La intensidad de nuestro dolor dura la instantaneidad de lo que una noticia de guerra en el segmento internacional de un noticiero. Lo vemos, nos indignamos, pero al rato nos vamos a dormir y recordamos levemente nada lo que vimos. ¿Dónde se fue nuestro sentir? ¿En qué momento nuestro sentido de conmovernos ante la desdicha ajena salió corriendo y no nos dimos cuenta?
Al parecer, ni siquiera nos preocupamos por buscarlo, porque algo nos dice en el fondo que al recuperarlo no nos va a dejar en paz y va a calar cada espacio de nuestras entrañas y va a cobrarse con creces todo el tiempo en el que nos volvimos de hierro, en el que nuestros sentidos se cubrieron de un material impenetrable, protegido a su vez por una burbuja en la que lo más importante y lo único existente éramos nosotros.
Pobre dolor, creo que se equivocó al querer que los demás lo acepten como normal, debió hacer que lo quisieran tal y como era… su máscara no es más que una ironía que da a entender lo contrario de lo que el significa…


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